Un año incierto para México

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La firma de un nuevo acuerdo comercial ha reducido las incertidumbres a corto plazo sobre la economía de México, estrechamente vinculada con EE.UU., un mercado al que destina el 80% de sus exportaciones y del que recibe remesas equivalentes al 2% del PIB mexicano. 
 
Desde 1994, México ha registrado un crecimiento promedio anual del PIB real limitado al 2,6%, en un contexto de baja inversión y productividad. Aunque las dudas sobre el futuro comercial de México han disminuido, crecen las incertidumbres sobre su política económica, lo que podría empeorar las inversiones en 2019.

En 2018 la estabilidad del consumo privado y la aceleración de las exportaciones compensaron las menores inversiones, pero este podría no ser el caso en 2019. El peso mexicano, la moneda de un mercado emergente más negociada del mundo, es muy vulnerable a las oscilaciones de la confianza de los mercados. Las preocupaciones sobre las políticas de la nueva Administración y la política monetaria de Estados Unidos están afectando ya a la moneda. Se espera que el tipo de cambio del peso se mantenga volátil en 2019.
 
A pesar de las incertidumbres en curso, cualquier deterioro abrupto de la economía parece bastante improbable. Las fluctuaciones en el tipo de cambio servirán como un amortiguador para la economía. La estructura de la deuda pública es favorable, con un 67% denominada en moneda local. La principal vulnerabilidad reside en el 50% de deuda mantenida por no residentes. El sistema bancario es rentable, bien regulado, supervisado y capitalizado, lo que reduce la exposición a choques externos.

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