Un torbellino en el WiZink Center

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Redacción

El WiZink Center, situado en la calle Goya de Madrid, albergó en 2017 156 eventos distintos, uno casi cada dos días. Aunque la cifra es espectacular y supone un aumento del 73% respecto a la actividad que había en 2014, el director del centro y ex director de Marca, Manuel Saucedo, quiere más.

A día de hoy, la mayoría de los ingresos los trae la música. Las entradas de los conciertos se imponen al alquiler que pagan Real Madrid y Estudiantes por la pista de baloncesto o a los eventos de empresas. En cualquier caso, el incremento de actividad se ha traducido en un aumento de la facturación de 7,4 millones en 2014 a 12 millones en 2017, según nos explica Manuel Saucedo.

El nuevo equipo gestor ha tenido mucho que ver en el cambio de rumbo de este pabellón deportivo. Impulsa Eventos e Instalaciones se adjudicó la gestión en 2014 y la tiene hasta 2024, con posibilidad de prórroga por periodos de tres y dos años. Su consejo de administración está formado por promotoras musicales (Live Nation España), firmas de representación deportiva y organización de eventos (Octagon Esedos), gestores de instalaciones y aparcamientos (New Capital 2000) y profesionales a título personal como Manuel Saucedo, que es el consejero delegado de Impulsa.

El incremento de la actividad era clave para poder aumentar los ingresos y rentabilizar un recinto que tiene unos costes elevados. Al canon que hay que pagar al Ayuntamiento (unos 800.000 euros) y al IBI (alrededor de 1,2 millones), se añaden unas inversiones elevadas pero necesarias para poder ofrecer un lugar apetecible. Los gestores se comprometieron a destinar unos cuatro millones a mejoras, algunas de las cuales ya han tenido lugar: aumentar la capacidad de 15.000 a 17.000 espectadores, un aspecto vital para la rentabilidad de los grandes eventos; mejorar los palcos; instalar el cubo, el gran marcador que hay en el centro de la cancha… Entre las novedades, llama la atención la inversión de unos 600.000 euros en el techo móvil, una estructura metálica que baja a pie de pista para recoger instrumentos (luces, etc.) que han de funcionar durante los conciertos. Puede aguantar hasta 120 toneladas, y es un instrumento clave para agilizar el cambio de uso de la pista, teniendo en cuenta que antes había que hacerlo a mano.
Esta agilidad es fundamental para que pueda desarrollarse un mayor número de eventos; más aún considerando la complejidad de muchos de ellos. Para hacerse una idea, basta saber que se necesitaron veinticuatro tráilers para albergar el material para el escenario de un reciente concierto de Roger Waters. “Entre él se incluía una pantalla de 300 metros cuadrados que pesaba veinte toneladas”, recuerda Saucedo.

Pero, por muy complejo que sea, en este recinto han aprendido a montar y desmontar la pista a la velocidad de la luz. Tras finalizar un concierto a las 12, los trabajadores pueden desmontarlo todo y entregárselo a las nueve de la mañana al Real Madrid transformado en una pista de baloncesto, que se monta y desmonta en dos horas y media. Una barbaridad.

Los nuevos gestores experimentan con distintos formatos para tratar de rentabilizar sus instalaciones. Por el formato Box, que reduce el aforo a 3.500 espectadores, cobran unos 10.000 euros, seguridad y limpieza incluidas. “Apenas nos da margen, pero sirve para promocionar a nuevos grupos de música”, señala Saucedo. El formato Ring alcanza los 5.600 espectadores por unos 17.000 euros; “Si se llena, a un ticket medio de 35 euros, son 196.000 euros, sin contar IVA ni cobro de SGAE”, incide Saucedo. Sobre el aforo completo, se cobra un porcentaje de la taquilla: sobre el 10-12%.

El objetivo es “traer a Madrid las mejores giras del mundo”, y en muchos casos se está consiguiendo. Ejemplos claros son los dos conciertos de U2 de septiembre. “El 50% de las 32.000 entradas se ha vendido fuera de Madrid”, recalca Saucedo, que ve en este dato un buen argumento a favor del turismo de Madrid. Buena parte de los 1,5 millones de personas que pasan por el recinto a lo largo del año son de fuera, y han de consumir en la capital. KPMG ha calculado que WiZink Center aporta 220 millones a la comunidad.

Aunque este altruismo está muy bien, los gestores han de mirar por la propia rentabilidad. Además de las entradas, cuentan con importantes ingresos por patrocinios (WiZink, Mahou, Coca-Cola, EDP, Pernod Ricard y Caser Seguros), el parking, los bares del pabellón… De cara al futuro, podría venir más dinero por tendencias como los e-sports, el alquiler de oficinas a promotores musicales que sirviera para crear un espacio de co-working…También de eventos diferentes, como la Oktoberfest, que se ha convertido en su mejor versión fuera de Alemania, o la Feria de Abril, que también se realiza allí en versión madrileña. Cualquier idea puede ser buena para aprovechar la magnífica ubicación de este recinto, que ya ha conseguido situarse entre los diez más importantes del mundo de su tamaño, y que tiene muy claras cuestiones imprescindibles: por ejemplo, cuidar la seguridad de los asistentes, algo de lo que se ocupan en primera persona. 

Artículo publicado en el número de julio/agosto de 2018 de la Revista Capital.

Te puede interesar