¿Pagamos demasiados impuestos?

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Juan Joaquín Hernández

Mucho se habla en estos momentos sobre la carga tributaria en nuestro país. El Gobierno de Pedro Sánchez ha dado la pista de querer subir la recaudación del Estado, lo que ha puesto el tema nuevamente en la diana. Los hay que creen que en general tenemos que pagar muchos impuestos y los hay que creen que deberíamos pagar más. Los expertos y los datos apuntan en líneas diferentes según el indicador y la circunstancia que se considere.

El economista jefe de BBVA Research, Miguel Cardoso, apunta que la definición sobre si la carga impositiva es alta o baja no compete únicamente a los españoles, sino más bien a Europa en su conjunto. En el caso de España, estima, la carga impositiva se corresponde con la media europea. “A nivel de la carga impositiva a las empresas, estamos en un nivel similar, y lo mismo sucede con el trabajo. La mayor diferencia está en la capacidad recaudatoria en el consumo. Los tipos máximos y marginales son relativamente similares, pero los tipos medios están muy por debajo de Europa”, apunta Cardoso.

Según los datos de Eurostat, España es el tercer país que menos recauda por el IVA de Europa, y el décimo que menos recauda a nivel general, con un 34,5% sobre el PIB frente al 40% de la UE. Paralelamente, el último informe de PWC y el Banco Mundial puntualiza que la presión fiscal total de España es la décima del continente, del 47%, por detrás de Italia, Estonia, Alemania, Suecia, Eslovaquia, Grecia, Austria, Bélgica y Francia. En Canadá es del 20,5%, en EEUU del 43,8%, en Japón del 46,7%, en Sudamérica del 52,5% y en Oriente Medio, del 24,4%.

Los técnicos del sindicato de Inspectores de Hacienda, Gestha, aseguran que la presión fiscal es menor en España que en la media de Europa, y que la brecha supera los 60.000 millones de recaudación. En cualquier caso, estos técnicos esgrimen que, antes de subir los impuestos, habría que exigir su pago a quienes no los abonan o los eluden. La economía sumergida española se estima en un 24,6% del PIB. En este sentido, el Gobierno, en su pacto presupuestario con Podemos, apuesta por limitar el uso de efectivo a 1.000 euros entre empresarios y profesionales (no afectará a los pagos de ciudadanos a título individual), añadir a la lista de morosos a los responsables solidarios y reducir el importe de deuda para ser incluido en la lista a 600.000 euros, desde el millón actual.

Estos planteamientos a nivel impositivo, basados en el concepto de presión fiscal, se contraponen con lo que esgrimen desde el think tank Red Florida Blanca. Consideran que el indicador de la presión fiscal no es fiable para comparar la carga impositiva que los contribuyentes de los distintos países soportan, ya que únicamente tiene en cuenta la relación entre el nivel de impuestos y el PIB de cada país.

Según señalan en el Instituto Juan de Mariana, el indicador de presión fiscal omite la información sobre el impacto real de los impuestos en las economías. “Por ejemplo, Noruega tiene una presión fiscal del 38% de su PIB mientras que España soporta una presión ligeramente menor, del 34%. Pero ambas economías distan mucho de ser iguales”, apuntan desde Red Florida Blanca.
Por eso, esgrimen, cabe utilizar otro indicador, el de esfuerzo fiscal o ‘Índice de Frank’ (en honor al académico estadounidense que lo desarrolló, Henry Frank), “que relaciona la presión fiscal con el PIB per cápita y pone en contexto el verdadero esfuerzo de los contribuyentes”. Según un estudio de este think tank, España alcanza 0,14 puntos de esfuerzo fiscal mientras que Noruega, que soporta una presión fiscal ligeramente superior, se queda en menos de la mitad del esfuerzo fiscal español, tan sólo en 0,06 puntos. Y es que la diferencia de renta per cápita noruega (67.000 €) y la española (25.000 €) “es más que notable y echa por tierra esa idea asentada de que los países nórdicos son paraísos socialistas donde sus habitantes ceden con gusto la mayor parte de su renta al estado”.

“Si nos basamos en el principio keynesiano de redistribución de la renta, unos impuestos altos deberían dar lugar a una mayor recaudación fiscal, y por lo tanto a un mejor reparto de la riqueza”, inciden asimismo desde este ‘think tank. “Por eso hemos puesto en contexto el nivel de esfuerzo fiscal de cada país respecto a su nivel de ingresos fiscales obteniendo una verdad reveladora: los países cuyos contribuyentes soportan mayores cargas fiscales son precisamente los que menos ingresos obtienen”, dicen los autores de un informe según el cual hoy, en términos relativos, Irlanda recauda cerca del doble que España con un tercio de su presión fiscal.

No obstante, los hay que ponen el indicador del esfuerzo fiscal en entredicho. Advierten que siempre será alto para los países que tengan renta per cápita baja, incluso aunque la presión fiscal no sea excesiva. Existe una literatura extensa al respecto, aunque lo cierto es que el estándar generalizado es el de la presión fiscal, que dimensiona los impuestos en virtud de su peso respecto al conjunto del PIB. “El indicador del esfuerzo fiscal es importante, pero también hay factores que no dependen de la población, como el territorio, por ejemplo, por lo que deben tenerse en cuenta muchos más factores, y luego está el tema de la progresividad de los impuestos”, apunta Florentino Felgueroso, de Fedea.

Según un informe de Funcas en su publicación Papeles de Economía Española, el 80% del esfuerzo redistributivo por IRPF en nuestro país lo soporta el 10% más rico en términos de renta, y el 20% más rico, casi el 100%. El peso de las rentas bajas ha caído con la crisis. Según las estimaciones de este informe, entre 2007 y 2015 -los años de la crisis- la desigualdad creció un 14,5%, básicamente por el aumento del paro y la expansión de la ocupación a tiempo parcial. Simultáneamente, menguó el esfuerzo de la renta del capital (rendimientos de acciones, fondos de inversión…), aumentando la del trabajo. En la misma línea, el informe de PWC y el Banco Mundial apunta que España está entre los países europeos que menos presión fiscal efectúan a la renta, mientras que con los impuestos al trabajo pasa lo contrario.
Una modificación importante del IRPF defendida por el PSOE del presidente Pedro Sánchez es la equiparación de la tributación de las rentas del capital con las rentas del trabajo. En concreto, el proyecto presupuestario acordado por Sánchez con Podemos plantea un aumento de cuatro puntos del gravamen para las rentas del ahorro superiores a los 140.000 euros.

En cualquier caso, la principal nueva medida recaudatoria del Gobierno pasa asimismo por un impuesto mínimo del 15% sobre el resultado contable obtenido en España por las empresas con una cifra de negocios superior a los 20 millones de euros. “Hay que tener en cuenta que, aunque el tipo nominal es del 25%, gracias a las deducciones y otras bonificaciones, las multinacionales pagaron sólo el 7,3% de sus beneficios contables en 2016, según datos de la Agencia Tributaria”, esgrimen desde el medio especializado Inversión & Finanzas.

Sobre ello, Cardoso responde que “la recaudación por el impuesto de Sociedades equivale al 2,5% del PIB, lo que equivale al promedio en la UE”. “Uno puede pensar que las empresas pagan poco o mucho, pero en la comparación con el resto de Europa, ahora tenemos una carga similar. Si aumentamos ahora los impuestos a las empresas podríamos quedar en una desventaja competitiva con Europa y se podrían perder empleos, la principal causa de desigualdad. Si se piensa que pagan poco, se debe elevar el asunto a un foro europeo y coordinarlo para que no salga perjudicado un país en particular”.

El economista de BBVA apunta paralelamente que “la clave de casos como el de Noruega está en la eficiencia de las administraciones públicas. Los servicios públicos y la burocracia funcionan eficazmente, lo que justifica que la carga impositiva sea alta”, apunta Cardoso. Advierte al Gobierno de que, “si se quiere pedir un mayor esfuerzo y se quiere aumentar la recaudación, es clave trabajar primero en la eficiencia del sector público”.
Se trata de detectar regulaciones que son ineficientes o generan gastos improductivos y eliminarlos. “De esos hay muchos en España. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal está en estos momentos haciendo una evaluación de los subsidios pero, en cualquier caso, el Banco Mundial ya advierte de un innumerable número de obstáculos a la actividad económica en nuestro país”, esgrime Cardoso, en alusión al último informe ‘Doing Business’ del Banco Mundial.

Según este informe, España ocupa el puesto 30 en el ranking de países para hacer negocios, una posición en la que se ha estancado en los últimos años. En la faceta de los impuestos ocupa el puesto 34, después de haber ocupado el 70 en 2014. La faceta en la que peor sale parada España actualmente es en la de abrir un negocio: cae al puesto 80, seguida de la solicitud de permisos (78). 

Reportaje publicado en el número de diciembre de 2018 de la Revista Capital. 

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