La difícil transición de nuestras Fuerzas Armadas

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Jordi Benítez

Los ejércitos del mundo se las prometían muy felices cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insistía a los países de la OTAN en la necesidad de que aumentaran su presupuesto de Defensa. Se veía así una continuidad en el mensaje que ya había lanzado la administración anterior, liderada por Barack Obama, a los países de la Alianza Atlántica, y que en la cumbre de Gales de 2014 había sido mucho más duro que el actual. El dinero, sin embargo, no llega, y no parece que vaya a hacerlo. “El cambio hacia la disminución se revirtió en 2015 pero, en lugar de aumentar paulatinamente, se plantea como un objetivo. ¿Cuándo llegará? Se dice que depende de la disponibilidad. De momento ha crecido de un modo testimonial. Nunca llegaremos a doblar el gasto militar en 2024, como se había acordado”, señala Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano.

Después de tantos años de reducción en el Presupuesto, el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), Fernando Alejandre, ve cómo el Ministerio de Defensa se queda sin margen para adquirir tecnología o material nuevo. El poco dinero que hay se destina a actualizar equipos, poner parches y a mantenimiento. “Falta liquidez para atender unos compromisos internacionales que no paran de crecer. Los costes operativos no llegan a cubrirse y hay que pedir créditos extraordinarios. Tanta gente fuera, en misiones de la UE, aumenta el gasto estructural de un modo que no es fácil de compensar”, explica Arteaga. No hay que olvidar que España es el segundo país en el ranking de misiones y operaciones militares. El gasto en operaciones y mantenimiento de las misiones en el exterior es el que más crece. Hay que proteger al personal, llevar equipos fiables y tener a las unidades plenamente operativas. Eso supone dinero. A ello hay que unir lo que se debe a los programas especiales de armamento, que se compensan con las cantidades adicionales que se van sumando a los presupuestos.

Las misiones en el extranjero se llevan el dinero y los gobiernos españoles no parecen dispuestos a poner más. El anterior reconoció que no llegaría a los objetivos y el actual, que los reconsideraría. En este contexto, se entiende que el JEMAD afirme que las Fuerzas Armadas están en una situación crítica.
Como es lógico, esto no significa que las necesidades más básicas no estén atendidas. El control de las fronteras se vigila como es debido. Las misiones de vigilancia aérea y marítima están establecidas como una prioridad. Lo que no se puede es llegar a más sitios o tener un material más sofisticado. Y si no hay dinero suficiente para combustible o mantenimiento de aviones, barcos o demás vehículos, el adiestramiento se reduce. En esta línea, Arteaga afirma que “cada es más difícil cubrir los objetivos diseñados por la estructura del JEMAD”.

Nuestras Fuerzas Armadas están preparadas para la defensa territorial y el combate convencional: los requisitos clave para la etapa de la Guerra Fría, concluida ya hace casi treinta años. “Los equipos que estamos recibiendo son de esa época. Hubo una segunda modernización en la que adquirimos mucho material para proyecciones de fuerza y operaciones de paz, pero se va reduciendo”, señala Arteaga. Donde estamos más flojos es en la denominada guerra del futuro, basada en la ciberdefensa, los satélites o la defensa contra los misiles. “Ahí no hay inversiones planificadas. Las primeras potencias como Norteamérica ya están en lo que allí llaman la tercera estrategia de compensación, protagonizada por las nuevas tecnologías, la inteligencia automática, inteligencia artificial o la robotización. Aquí aún estamos muy lejos. Casi nadie piensa en el futuro. Habría que transformarse en una estructura del siglo XXI, pero aún estamos en el XX. Las prioridades son las son, y cualquier subida es buena”, afirma Arteaga.

A pesar de estas limitaciones, las Fuerzas Armadas españolas desarrollan muy bien su trabajo allá donde van. En sus misiones en el extranjero no entran en el combate. Lo apoyan con el transporte logístico, el adiestramiento y el entrenamiento. Siempre han tenido una gran proyección en el exterior. Nuestros barcos y aviones van mucho más lejos de lo que la mayoría de países europeos pueden permitirse. Y lo hacen bien, como se ha visto recientemente con las brigadas acorazadas en Noruega, por poner un ejemplo. Cuando se le dan los recursos suficientes, nuestros militares responden más que de sobra. La preocupación llega cuando faltan.

La salida de Reino Unido de la UE nos dará más protagonismo en algunos frentes. Les sustituiremos en la Operación Atalanta contra la piratería en el Índico. Antes tenía su cuartel general en Norwood. Ahora se ubicará en Rota. Hablando de Reino Unido, Arteaga piensa que les echaremos de menos en algún aspecto. En general, no es que se hayan implicado mucho: “Su papel en la UE en materia de defensa siempre ha sido testimonial. Han estado con el freno echado. Podemos echarles en falta en el aspecto militar, en la cultura estratégica, en su mayor experiencia en las operaciones de combate. Su salida se verá compensada por la Iniciativa de Integración Europea que ha impulsado el presidente de Francia, Emmanuel Macron. No hace falta ser miembro de la UE para participar. Eso les abre las puertas a ellos y a los daneses, por ejemplo, y hará que podamos encontrarnos trabajando juntos. Además, no han dejado la OTAN. En la parte industrial se les está intentando hacer un hueco para que no se vean muy desfavorecidos. Tienen relaciones estratégicas con algunas industrias europeas. Las operaciones se desarrollarán en suelo europeo, y eso puede hacérselo más difícil; pero el saldo final creo que no es tan importante. Su salida no se va a notar tanto en Defensa como se podía pensar. Esa toma en consideración deja clara la relevancia del Reino Unido”.

Por lo que se refiere al desarrollo de la industria que abastece a la defensa, la Comisión Europea va a invertir en investigación y desarrollo de capacidades. La oportunidad de las empresas españolas implicadas en este terreno es moverse en ese entorno. “La demanda nacional no va a volver”, insiste Arteaga. Por eso las empresas españolas grandes y pequeñas del sector deben tratar de incluirse en los grandes consorcios; entrar en el Plan de Defensa Europea que promueve la Comisión y coordina en España la Dirección General de Armamento y Material es su última oportunidad si quieren seguir en este negocio. Las economías de escala y la necesidad de tener vendidos los productos que requieran una importante inversión en I+D son claves. Sin ellas, las posibilidades de competir de las empresas españolas por sí solas se reducirían al mínimo. Si a ello se añade que la legislación europea podría impedir comprar directamente a compañías de nuestro país no incluidas en un consorcio, o que el coste de comprar aquí por motivos de seguridad nacional tendríamos que pagarlo nosotros y el Gobierno no para de reducir el presupuesto, los motivos quedan aún más claros.

Reportaje publicado en el número de noviembre de 2018 de la Revista Capital.

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