¿Polarización electoral y política?

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José Ramón Pin

José Ramón Pin Arboledas es profesor del IESE.

La decisión del Comité Ejecutivo de Ciudadanos de no pactar con el PSOE después de las elecciones podría marcar claramente una frontera electoral entre las derechas (PP, C’s y Vox) y las izquierdas (PSOE, Unidos Podemos+confluencias). Pero también se podría poner la frontera entre constitucionalistas puros, partidarios de la política dura en Cataluña y aquellos que son pactistas y aún creen en el diálogo con los independentistas. De que se polarice la campaña electoral en un sentido o en otro se podrá hablar de una polarización u otra.

A algunos, como a Ciudadanos, les interesa la segunda frontera. A otros, como el PSOE, les interesa la primera. Ciudadanos quiere que el debate se centre en la posible aplicación o no de un nuevo 155 en Cataluña que desplace a los independentistas del poder y les arrebate sus instrumentos de propaganda: TV3 y unos presupuestos, los de la Generalidad, con los que riegan generosamente a sus activistas, incluyendo ANC y Ómnium Cultural. Ya lo dijo Errejón: “Hay que crear lugares de refugio para los revolucionarios porque de algo tienen que vivir”. En eso, la izquierda radical y el independentismo son iguales. Su negativa a pactar con el PSOE postelectoralmente es un intento de recoger a todo el electorado centrista que no ve con buenos ojos el “supuesto pactismo de Sánchez”.

A otros, como el PSOE de Pedro Sánchez, les interesa que se polarice la discusión entre la ideología progresista y la conservadora (que ellos tachan de derecha, o incluso de extrema derecha). Su estrategia, vieja como la misma izquierda, es el grito de: “¡Que viene la derecha, o las derechas (como ahora dicen)!”.

Los que no jueguen en estos dos campos quedarán fuera. Por eso el PP tratará de centrarse en la posible aplicación del 155 e intentará eludir cualquier otra discusión. En ese terreno tiene un arma poderosa. Votar a Vox supone poner en riesgo la hegemonía del bloque constitucionalista puro en el Senado, algo necesario para aplicar el artículo 155. Y una vez votado el PP en el Senado, lo que demuestra la existencia del voto útil, ¿por qué no también en el Congreso?

Pero todo esto es polarización electoral. Una vez acabadas las elecciones (incluidas las municipales, autonómicas y europeas), hay que formar gobiernos. A nivel municipal se harán los que permitan las matemáticas parlamentarias. A nivel autonómico, lo mismo. En Europa solo hay parlamento, y cada grupo ideológico se irá con su pareja: populares, socialdemócratas, liberales…

¿A nivel nacional? Si no hay un ganador claro, si el bloque de PP, C’s no tiene mayoría absoluta con el apoyo de VOX, ni tampoco el PSOE-Podemos con los independentistas, que nadie espere un acuerdo antes de que se decanten las coaliciones municipales y autonómicas. Entonces la frontera derechas/izquierdas se difuminará. La discusión será entre constitucionalistas y pactistas con el independentismo. La polarización seguirá salvo un acuerdo de Estado liderado por los constitucionalistas de todos los colores (PSOE, C’s, PP). Porque una cosa es la polarización electoral y otra la política. La primera es temporal y, por tanto, soportable. La segunda es permanente e insufrible.

Solo una victoria clara de cada uno de los bloques permitiría que esa polarización se difuminara, porque, con un horizonte de cuatro años de legislatura, tarde o temprano las aguas volverían a su cauce. Eso es lo que nos jugamos en este adelanto electoral del 28A: un periodo convulso, con los independentistas dando la tabarra a todo trapo, o un periodo de sosiego y negociación. Porque, gane quien gane, tendrá que negociar. Unos desde la fortaleza que les da su posición ideológica, como PP o C’s, otros desde su espíritu componedor, como el PSOE. Los independentistas, desde su convencimiento de que han perdido su pulso ante un Estado que dará duras sentencias a los dirigentes del Procés.

La pregunta a los españoles es así de sencilla: ¿quieren un periodo convulso como al que ha llevado la fragmentación parlamentaria de la última legislatura, o un pacto sólido que nos saque del empantanamiento político? De sus votos depende. 

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