Creatividad vs Innovación

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Rafa Armero

Rafa Armero es director creativo y diseñador de Armero SL.

Aunque parezca un poco paradójico, hoy en día aún existe cierta desconexión entre la creatividad y la innovación, sobre todo si nos remontamos a la idea clásica de estos dos términos.

Por un lado, puede que en el sector de la innovación no se haya entendido la creatividad, tal y como se comprende en sectores de la industria creativa, como el diseño y la comunicación. Es verdad que ciertas organizaciones, dejándose llevar por las tendencias, juguetean con ciertas técnicas y herramientas de creatividad para obtener ideas o enfrentarse a algún que otro reto, aunque siempre de manera superficial y con muchas dificultades de aplicación real. También es indiscutible que las personas que forman esos equipos de I+D+i –investigadores, científicos, ingenieros y otros profesionales relacionados–, trabajan activando pensamientos creativos, aunque no de manera profesional, lo que hace invisible esta fase a la hora de implementar esas ideas.

Por otro lado, en paralelo a esta situación, cuando se habla de incorporar la creatividad en cualquier proceso productivo de una organización empresarial, desde un enfoque de cambio, aparece en escena nuestra cultura por alejarnos de la pérdida y el fracaso. En este sentido, esta creatividad, automáticamente asume cierto aroma a incertidumbre, con altas dosis de miedo, lo que no favorece en la consolidación de este planteamiento. Puede que esta sensación, esté vinculada a que se sigue relacionando este término con lo artístico y, sobre todo, porque se sigue pensando, a diferencia de la innovación, en que no se puede medir, lo que parece fundamental para identificar el retorno de la inversión, así como conseguir con éxito unos objetivos cuantificables.

Contradictoriamente, innovar implica adentrarse en un camino lleno de incertidumbre y asumir riesgos. Si una empresa quiere iniciar un proceso de innovación, tiene que aceptar asumir ciertos peligros y, sobre todo, tiene que gestionar la posibilidad del fracaso. En este sentido, aunque se nos llena la boca a muchos cuando decimos que es importante experimentar algún que otro revés para aprender, más de un CEO entra en pánico simplemente al pensar en la posibilidad de sufrir algún descalabro empresarial.

Lo que sucede es que aún hay mucha ignorancia y desconocimiento en todo esto, y sobre todo mucha inseguridad, provocada por la apuesta de un pensamiento más disruptivo, lo que desemboca en que no se llegue a esa innovación deseada o, lo que es peor, que no se incorporen los cambios necesarios para obtener el éxito anhelado.

Por suerte, en la actualidad, hay un concepto que permite que la creatividad y la innovación estrechen y refuercen su relación. Una manera de hacer que se está consolidando como un puente entre estas dos variables y que sirve como catalizador para conseguir la innovación disruptiva en las organizaciones empresariales.

Se trata del “Pensamiento Creativo de Diseño” o Design Thinking, que es como popularmente se conoce. Un planteamiento basado en aplicar el modo de hacer, las herramientas y acciones profesionales del sector diseño, a los procesos vinculados a la innovación. Esta propuesta nos permite tener mucho más control en estos escenarios, donde es necesario manejar los temidos riesgos y maximizar los resultados en la acción de innovar, gracias al mapeado consciente de todo el proceso. Introducir el Design Thinking en estos contextos, también permite a las organizaciones a aterrizar la estrategia de innovación desde el minuto uno, dejando clara su hoja de ruta y, sobre todo, marcar los hitos que permitan medir esos objetivos intangibles tan deseados por cualquier marca que se precie.

El Design Thinking aplicado a la innovación, ayuda a lograr ideas
más solventes, y proporciona un enfoque más coherente a la hora de definir los desafíos para la innovación. Gracias a su aplicación metodológica, las organizaciones tienen la oportunidad de anticiparse a ciertos retos y, sobre todo, pueden contar con instrumentos que les permitan tener una visión estratégica de todo el proceso de innovar.

Cada día con más frecuencia, las empresas, marcas y organizaciones apuestan por la creatividad, pensando en la necesidad de una nueva innovación, aunque lo que precisan no es esa creatividad en si misma (desde su enfoque psicológico), ya que, como apuntaba al principio, cuentan con ella dentro de sus equipos. Lo que verdaderamente es valioso es que consigan aterrizar las ideas y las lleven a la acción desde un enfoque más sólido.

Es urgente que el mundo económico y empresarial, sea consciente de aplicar el pensamiento disruptivo en los procesos de innovación.

La creatividad –inteligencia creativa aplicada– es esencial para empresas, marcas y organizaciones, sobre todo si se tiene la intención de conseguir un futuro más solvente. Es importante buscar los medios necesarios para fomentar esta nueva forma de hacer las cosas, lo que afectará positivamente a la hora de conseguir ese deseado retorno, resultado de un “innovar” que se aleja de lo que hasta el momento se entiende como innovación.

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