1984

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Jordi Benítez

En estos tiempos de elecciones, es interesante leer o releer la novela 1984, de George Orwell. Los pasajes de los dos minutos del odio, en los que se vocifera contra el enemigo aparecido en una pantalla, recuerdan algunas escenas de esta campaña. La policía del pensamiento y el temor o la advertencia a ser reprimido por siquiera imaginar algo distinto a lo aprobado globalmente, ha presidido mítines y debates. El Gran Hermano que nos vigila, en definitiva, está cada vez más presente a través de un creciente intervencionismo y conocimiento de todas nuestras actividades.

A pesar de todo ello, el conocido sociólogo Amando de Miguel comentaba hace unos meses en estas páginas que estamos en un gran momento para nuestra democracia. En buena medida, lo atribuía a la llegada de Vox, que ha introducido en la opinión pública una serie de mensajes que nadie se atrevía a pronunciar. Los 2,7 millones de personas que les han votado se sienten ahora representadas, y eso es una buena noticia para la defensa de la pluralidad, como lo fue la llegada de Podemos o de Ciudadanos.

Los próximos debates en el Congreso prometen ser entretenidos. Las actuaciones de Santiago Abascal u Ortega-Smith y sus enfrentamientos con Pablo Iglesias, Albert Rivera, Pedro Sánchez o Pablo Casado darán que hablar y llenarán espacio en telediarios, tertulias y otros medios informativos. Pero aparte del entretenimiento, habrá que ver si son constructivos y aportan al país, que es lo que nos interesa.

En las semanas previas a la convocatoria de elecciones, entidades como el Círculo de Empresarios o el Instituto de Estudios Económicos criticaban y alertaban del peligro que en su opinión representaban los Presupuestos de Sánchez para la economía española. El resultado de las elecciones ha demostrado que la mayoría de los españoles no lo ve así. Parece que no les importa pagar más impuestos si ello redunda en unos mayores beneficios sociales, y que aumente el gasto público, si les favorece en las pensiones, el empleo público o las subvenciones o ayudas para los trabajadores mayores de cincuenta años, los jóvenes o la ampliación del permiso de paternidad.

La amplia victoria obtenida por la izquierda le da la oportunidad de probar que su modelo económico es el más beneficioso para el país. Tienen cuatro años para demostrarlo. Si lo consiguen, seguirán gobernando. Si la ruina llega, como pronostican los liberales, como consecuencia de no haberse preparado bien para una crisis económica, bajando impuestos y reduciendo gasto público, será la ocasión de comprobar que no somos como la sociedad de la novela 1984, y que se puede (y se debe) actuar de otra forma si la realidad no es como nos la estaban vendiendo.

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