El gran cambio de la industria de automoción

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Mario Armero

En los últimos años, la industria de la automoción está viviendo cambios muy relevantes que afectan a su desempeño. La tecnología ha cambiado radicalmente la manera de entender el transporte. Empujada por la tecnología, la movilidad ha ampliado su significado y su potencia, pivotando sobre cuatro ejes principales de evolución: la electrificación, la conectividad, la autonomía y la movilidad compartida. Se ha convertido así en un tema transversal, de interés, en tendencia e incluso en propuesta electoral. La movilidad es tan relevante, que hoy la entendemos como el derecho de los ciudadanos a movernos libremente, pero sin olvidar que representa el PIB de un país, porque su ordenación positiva es fundamental para el empleo, el comercio y la industria. Para una industria que en España representa el 10% del PIB y el 9% de la población activa, con 17 fábricas en 10 comunidades autónomas. 

Para ANFAC, la movilidad ha de ser inteligente, eficiente, accesible y asequible. Debe acomodarse a la demanda del ciudadano, que ha cambiado hacia entender la movilidad como un servicio y no es la misma en las grandes ciudades que en las zonas rurales. Además, en su definición y regulación inteligente, se ha de trabajar en potenciar sus aspectos positivos (nuevas áreas de negocio, flexibilidad, disponibilidad) mientras se minimizan los negativos (congestión, contaminación, accidentalidad) Los fabricantes ya estamos trabajando en la descarbonización del parque, cumpliendo con las más exigentes normativas medioambientales y en la reducción de los accidentes en carretera, pero necesitamos una hoja de ruta común para la movilidad que nos permita trabajar con seguridad y visibilidad.

Porque esta rápida evolución de las tecnologías, las distintas opciones en cuanto a motores que hay disponibles, las diferentes políticas de movilidad en las regiones y las posibles restricciones futuras a la circulación generan incertidumbre en los ciudadanos, que no saben qué coche comprar. O incluso pierden interés en adquirirlo de su propiedad, porque entienden cada vez más la movilidad como un servicio están frenando la demanda de vehículos nuevos. La previsión de cierre de mercado este año es de una caída de entre un 2% y un 3%; y estas circunstancias nos hacen prever que el mercado de nuevas matriculaciones se estabilizará entre los 1,15 millones de unidades y los 1,3 millones de vehículos vendidos al año. 

El efecto que más nos preocupa al respecto de esta contención de la demanda es que crezca la edad media del parque, al ralentizarse su renovación. Nos preocupa que los usuarios elijan un vehículo de más de 15 o 20 años, más económico, en lugar de uno nuevo, para solucionar sus problemas inmediatos de movilidad. Estos vehículos no cuentan con las más avanzadas tecnologías de reducción de emisiones contaminantes y de CO2 ni con las medidas de seguridad y conectividad con las que sí cuentan los más nuevos y que mejoran la calidad del aire y la seguridad vial.

Por eso, es imprescindible que las administraciones impulsen esta renovación del parque con un doble enfoque: impulsando la venta de vehículos eléctricos y alternativos, pero además, fomentando las mejores tecnologías disponibles en diésel, gasolina y gas como herramienta indispensable para la transición ordenada hacia las cero emisiones. El vehículo eléctrico es clave en el desarrollo presente y futuro de la industria de la automoción; pero en España aún nos queda mucho por hacer en ese sentido. 

Nuestro país está a la cola de Europa en la movilidad eléctrica. En 2018, aumentaron las ventas de este tipo de vehículos casi un 40% respecto al año anterior, pero solo el 0,9% de los coches vendidos fueron electrificados. La demanda crece en progresión geométrica, sobre todo en ciudades como Madrid y Barcelona, pero las unidades aún son pocas. Los fabricantes están poniendo múltiples modelos en el mercado, con sustanciales mejoras en términos de precio y autonomía, pero no basta con su propia iniciativa. Las fábricas españolas también han de hacer su transición hacia el vehículo eléctrico. Se necesita incrementar su porcentaje de fabricación de vehículos electrificados, y para ello es indispensable un mercado fuerte, una demanda en alza que justifique las adjudicaciones de modelos a nuestras plantas.

La transformación hacia las cuatro megatendencias es tan relevante para las fábricas españolas que su no adaptación supondría grandes pérdidas anuales recurrentes equivalentes al 2% del PIB nacional, alrededor de 21.165 millones de euros, por la pérdida de competitividad y el efecto arrastre en otros sectores. Las plantas dejarían de producir más de 700.000 vehículos por no encajar con la nueva demanda y supondría un impacto en el PIB comparable con la crisis de 2011, con la diferencia de que sería una pérdida permanente en el tiempo, más difícil de recuperar.

Es el momento de pasar a la acción, impulsando políticas industriales y de mercado que incluyan una hoja de ruta con un objetivo común de descarbonización y con una definición común de la movilidad. Es necesario el apoyo de la Administración a la movilidad cero y bajas emisiones y el desarrollo de políticas de movilidad homogéneas, que tengan en cuenta las circunstancias específicas de cada ciudad en la que se implantan, pero con criterios uniformes que no generen confusión en el consumidor a la hora de adquirir su vehículo. Sólo así se conseguirá enfrentar este desarrollo de la movilidad del futuro con objetivos claros que nos permitan mantener el liderazgo de la industria española, mejorar su competitividad y atraer inversiones y adjudicaciones de modelos. Tenemos que proteger e impulsar el legado de la industria de la automoción en España, dotándole de un potente futuro. 

Mario Armero es vicepresidente ejecutivo de ANFAC (Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones).

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