Hay que superar el estancamiento del sector exportador

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Antonio Bonet Madurga

Los últimos datos sobre la evolución de las exportaciones en nuestro país nos confirman la preocupante tendencia del sector iniciada a finales de 2018. En el primer trimestre del actual ejercicio, las ventas de mercancías españolas al exterior tuvieron un crecimiento nulo con respecto al mismo periodo de 2018, habiendo cosechado el peor registro de los últimos diez años. 

La cifra proporcionada por la Secretaría de Estado de Comercio hace unos días sitúa las ventas al exterior entre enero y marzo en 71.013 millones de euros, un dato igual al registrado en el primer trimestre del pasado año. Ello nos lleva a pensar que, si en 2018 asistimos a la desaceleración del sector exportador, 2019 podría ser el año del estancamiento. 

España, además, presenta una pérdida de cuota de mercado en el primer trimestre del 2019 respecto de sus principales competidores europeos, a tenor de los datos que hemos conocido. Si miramos a Francia, sus ventas de mercancías al exterior han crecido un 4,7%. Pero incluso en Alemania e Italia, con débiles incrementos en sus economías, los avances que han logrado hacen aún más evidente nuestro estancamiento. Las ventas exteriores de Alemania avanzaron un 2,5%, mientras que en Italia lo hicieron en un 2%. Estamos, pues, ante una pérdida de competitividad de nuestra economía que coincide además con un contexto de debilidad en el comercio mundial. 

Especialmente preocupante resultan, además, las caídas de las ventas registradas a territorios como América Latina, donde vendemos casi un 4% menos que hace un año, o a Oriente Medio, donde las exportaciones son hoy un 15,8% inferiores. Y tampoco puede decirse que en el territorio europeo, principal mercado para nuestros productos, las cosas hayan funcionado mejor. Durante el último trimestre hemos vendido casi un 1% menos que hace un año.

En clave nacional, el contexto en el que se conocen estos datos se caracteriza por un impasse político que dura ya varios meses, consecuencia de los sucesivos procesos electorales que estamos viviendo. Sin duda, es una coyuntura muy poco favorable para que se adopten medidas de calado que consigan reanimar la competitividad de nuestras empresas. Pero precisamente por la importancia de lo que nos jugamos en términos de riqueza y bienestar colectivos, el aldabonazo del sector exportador debería conminar a nuestros representantes a formar cuanto antes un Gobierno estable, con un amplio consenso en torno a reforzar la competitividad empresarial. 

Es necesario, por ejemplo, con carácter general, impulsar reformas destinadas a aumentar el tamaño de la pyme en España; diseñar marcos regulatorios en materia laboral y fiscal que no lastren la competitividad de nuestras empresas respecto a los países de nuestro entorno, lo mismo que potenciar la innovación o consensuar un pacto de Estado por la educación que se ajuste a las necesidades del mercado laboral. Y ciñéndonos más al campo de la internacionalización, forjar una política de Estado, también con amplio consenso, que involucre a todos los departamentos ministeriales que tienen competencia sobre la actividad exterior de las empresas. 

En conclusión, los signos de estancamiento que muestra el sector exportador en el primer trimestre del año deben constituir una llamada de atención muy seria para que nuestras autoridades se pongan a trabajar con urgencia. No debemos olvidar que, durante los últimos diez años, las exportaciones han sido el principal motor de nuestra economía. Y deben seguir siéndolo.

Antonio Bonet Madurga es presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles.

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