El hambre golpea a más de 820 millones de personas después de tres años al alza

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Redacción

Un total de 821,7 millones de personas (es decir, una de cada nueve) carecían de alimentos suficientes para comer en 2018, lo que supone la tercera subida anual consecutiva, mientras el sobrepeso y la obesidad siguen aumentando en todas las regiones, especialmente entre los niños en edad escolar y los adultos.

Así se recoge en el informe anual ‘El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo’, elaborado por cinco agencias de la ONU: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El hambre en el mundo afectó a 785,4 millones de personas, cifra que ha subido a 796,5 millones en 2016; 811,7 millones en 2017, y 821,6 millones en 2018. La población subalimentada del año pasado se acerca a los niveles de 2010 (822,3 millones).

El ritmo del progreso para reducir a la mitad el número de niños con retraso en el crecimiento y el de bebés nacidos con bajo peso al nacer es demasiado lento, lo que también hace que los propósitos de nutrición del segundo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) estén más lejos de alcanzarse, según el estudio.

Las probabilidades de padecer inseguridad alimentaria son mayores para las mujeres que para los hombres en todos los continentes, con la mayor diferencia en América Latina.

“Nuestras medidas para abordar estas tendencias preocupantes tendrán que ser más enérgicas, no sólo en su escala, sino también en términos de colaboración multisectorial”, piden los responsables de las cinco agencias de la ONU mencionadas.

El hambre está aumentando en muchos países en los que el crecimiento económico está estancado, en particular en los países de ingresos medianos y en los que dependen en gran medida del comercio internacional de productos básicos. El informe anual de las Naciones Unidas denuncia, igualmente, que la desigualdad de ingresos está creciendo en muchos de los países donde aumenta el hambre, lo que hace aún más difícil para las personas pobres, vulnerables o marginadas hacer frente a la desaceleración y la recesión económica.

“Debemos fomentar una transformación estructural inclusiva y favorable a los pobres, centrada en las personas y en las comunidades, para reducir la vulnerabilidad económica y encaminarnos hacia la erradicación del hambre, la inseguridad alimentaria y todas las formas de malnutrición”, aseguran los dirigentes de la ONU.

AVANCES LENTOS EN ÁFRICA Y ASIA

África presenta la situación más alarmante, ya que la región tiene las tasas de hambre más altas del mundo, que siguen aumentando lenta pero constantemente en casi todas las subregiones. En África oriental, cerca de un tercio de la población (un 30,8%) está subalimentada. Además de los fenómenos climáticos y los conflictos, la ralentización y la crisis económica están impulsando este aumento. Desde 2011, casi la mitad de los países en los que el hambre aumentó debido a la desaceleración o estancamiento de la economía se encuentran en África.

El mayor número de personas subalimentadas vive en Asia (513,9 millones), sobre todo en los países del sur del continente. África y Asia soportan conjuntamente la mayor parte de todas las formas de malnutrición, ya que cuentan con más de nueve de cada 10 niños con retraso en el crecimiento y más de nueve de cada 10 niños con emaciación en todo el mundo. En Asia meridional y en el África subsahariana, uno de cada tres menores padece de retraso en el crecimiento.

Además de los problemas de retraso en el crecimiento y emaciación, en Asia y África viven casi las tres cuartas partes de todos los niños con sobrepeso del mundo, impulsado en gran medida por el consumo de dietas poco saludables.

MÁS ALLÁ DEL HAMBRE

El informe de este año introduce un nuevo indicador para medir la inseguridad alimentaria en diferentes niveles de gravedad y supervisar los avances hacia el ODS 2: la prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave. Se basa en datos obtenidos directamente de las personas en encuestas sobre su acceso a los alimentos en los últimos 12 meses utilizando la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES, por sus siglas en inglés). Las personas que experimentan una inseguridad alimentaria moderada se enfrentan a la incertidumbre sobre su capacidad para obtener alimentos y han tenido que reducir la calidad y/o cantidad de alimentos que consumen para sobrevivir.

El informe calcula que más de 2.000 millones de personas, la mayoría en países de ingresos bajos y medios, no tienen acceso regular a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes (es decir, tenían inseguridad alimentaria moderada o grave), pero el acceso irregular es también un desafío para los países de ingresos altos, lo que incluye a un 8% de la población de América del Norte y Europa.

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