Repsol y su mala relación con el medio ambiente

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Redacción

En 2010 el Juzgado nº 3 de Tarragona abrió un procedimiento penal acusando a dos directivos de la empresa Repsol de delito ecológico por los vertidos producidos el 15 de mayo y el 23 de junio de 2009, durante las perforaciones y prospecciones de los pozos Montanazo-5D y Lubina-1, donde vertieron más de 130.000 litros de petróleo al mar. Pero ni Repsol ni la empresa estadounidense contratada para realizar las prospecciones (Pride of North America), comunicaron el vertido que fue detectado por la Capitanía Marítima.

El procedimiento judicial actualmente en curso podría derivar en la condena a Repsol por delito ecológico y por “grave negligencia en el diseño de la instalación y en la previsión de riesgos”. Pues bien esta empresa ha vuelto a pedir nuevos permisos para perforaciones petrolíferas en el mismo enclave, frente al Delta del Ebro.

Y la Administración General del Estado se lo está tramitando a pesar de existir un procedimiento penal contra ella. Pero el historial de Repsol no se remonta únicamente a este caso. Entre 2001 y 2013, y solo en sus instalaciones en Tarragona, la multinacional ha tenido 16 episodios vertidos y derrames contaminantes a las aguas.

Es la única petrolera sancionada dos veces consecutivas en un año por el Consejo de Ministros (2009) a causa de sus derrames. Además, la Generalitat de Catalunya sancionó en 2013 a Repsol por tratar de ocultar un vertido tóxico en Tarragona, por el que tuvo que indemnizar a los pescadores locales. La multinacional reconocía en su web oficial que había registrado 6.985 derrames en el medio natural entre 2006 y 2010 en todo el mundo. En 2013 tuvo graves vertidos de petróleo en Alaska y en la costa de Perú.

Un nuevo paso para convertirse en oligopolio internacional fue la adquisición de Talisman Energy, Repsol aumentaría su producción de petróleo en un 75%, convirtiéndose en una de las 15 mayores petroleras a nivel internacional. Repsol persiste en crecer como compañía y en la extracción de combustibles fósiles en lugar de encontrar una alternativa a ellos y reciclarse como empresa. Persiste en diversificar su actividad y su campo de acción a golpe de petróleos súpercontaminantes y a costa de la oposición social: Prospecciones petrolíferas, arenas bituminosas, fracking. Todo vale en su huída hacia adelante.

La actividad de Talisman Energy se concentra en Canadá y Estados Unidos, pero sus impactos más serios ocurrieron en Perú, Sudán y en el Índico, donde opera en Australia, Indonesia, Malasia, Vietnam, Timor Oriental (especialmente gas, mar adentro, poseyendo plantas de licuefacción y un corredor gasístico entre estas islas) y Papúa Nueva Guinea (donde opera conjuntamente con Mithubisi en nueve bloques que abarcan casi la totalidad del suroeste del país, zona de selva y pueblos indígenas, donde los efectos son equivalentes a la actividad en la Amazonia de muchas petroleras).

Talisman se enfrenta a acusaciones de violaciones de los derechos humanos en lugares como Sudán (con una guerra que tiene el control del petróleo como trasfondo) o en Perú (en la zona habitada por el pueblo Achuar). En ambos casos renunció a su actividad por presión de los movimientos sociales.

Con la adquisición de la canadiense Talisman Energy, Repsol ahonda su apuesta por el fracking, y que hasta la nacionalización de YPF en Argentina era su mayor apuesta en ese país. Repsol ahora estará operando campos en los Estados Unidos en los yacimientos de Marcelus (Noreste) y Eagle Ford (Texas). Por esta actividad, Talisman Energy ha sido multada por más de 50 violaciones de salud y de seguridad.

El último capitulo en su ataque al medio ambiente, es el acuerdo con United Global Limited, con sede en Singapur, tras adquirir el 40% de su filial de lubricantes, United Oil Company, que permitirá a la petrolera española impulsar su presencia en Asia. La energética presidida por Antonio Brufau elevará su papel en el sudeste asiático, uno de los mayores y más pujantes mercados de lubricantes del mundo, donde se venden más de tres millones de toneladas al año, con un crecimiento anual del 4%.

Repsol aspira a duplicar su volumen de ventas de lubricantes hasta llegar a las 300.000 toneladas, un 70% procedentes del mercado internacional.

Estos son los principales datos que avalan que una de las mayores compañías energéticas del mundo, no tiene el menor respeto por el entorno en el que opera, y que su único fin es el beneficio por encima de todo, sin importarle lo más mínimo el medio ambiente y las personas.

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