La Reindustrialización: una urgencia española

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Juan Velarde Fuertes

Creo que es preciso señalar, en estos momentos españoles, algo que no puede quedar al margen de planteamientos de forzosa acción política, porque, precisamente si se ignoran, nos volveremos a apartar en el siglo XXI, de lo que sucede en el mundo más adelantado, como ocurrió a comienzos del siglo XIX. En ese sentido llama la atención observar que el actual Presidente interino no plantea esta prioridad, y, en cambio, ofrece salidas meramente atractivas desde un punto de vista electoral. Sin embargo basta haber leído el valioso número, prácticamente monográfico del suplemento “ABC Empresa” del pasado 24 de noviembre, para entender que todo economista, empresario o político que quiera estar al día, tiene que tener en cuenta un cambio radical que actualmente existe en el mundo. Añadamos también lo que un conjunto de aportaciones de profesores de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid, conjuntamente con expertos del Foro de Empresas Innovadoras, han lanzado el que se puede calificar de manifiesto titulado “Re-industrialización de España: industria 4.0 y ecosistemas de innovación”.

Todo lo aludido se relaciona con el fenómeno de la industrialización, radicalmente nuevo en el proceso de la civilización humana, que surgió con mucha fuerza a partir del siglo XVIII, justamente cuando, tras la muerte de Carlos III, se inició el proceso simultáneo de la decadencia política y económica de España, porque nos separamos de seguir el camino adecuado para aceptar la novedad de la industrialización. Todo el siglo XIX contempló los errores y desorientaciones que, respecto a este proceso industrializador, existieron en España. Lo mostraba el enlace de tres elementos de retraso extraordinario: uno, en el terreno científico; otro, al ignorar por dónde debían marchar las líneas esenciales de la teoría económica que orientase la acción política española; finalmente, el abandono de una búsqueda adecuada de por dónde debía España contemplar los enlaces necesarios para competir ampliamente en el mundo exterior. Ese triple sendero estuvo abandonado, y culminó, en 1943, con la publicación del libro de Antonio Robert, “Un problema nacional: la industrialización necesaria”, que motivó una crítica durísima y acertada, del catedrático de Economía, Miguel Paredes, miembro de la Sección de Economía del Instituto de Estudios Políticos, a más de ser catedrático en la recién nacida Facultad de Ciencias Políticas y Económicas.

Otro colega suyo, Alberto Ullastres, señaló e impulsó que la industrialización solo podía resultar favorable con la apertura al exterior. De ahí lo acertado que fue el nuevo camino emprendido por España con el Plan de Estabilización de 1959, ampliado con el Acuerdo Preferencial con el Mercado Común en 1970, con nuestro ingreso en la Europa Comunitaria en 1985 y con nuestra incorporación a la Unión Monetaria Europea a partir de 1999.

Ese impulso fue extraordinariamente favorable, pero ahora es preciso tener en cuenta algo adicional, muy importante para todo el proceso industrializador, que va por otros caminos, como se destaca en los documentos señalados más arriba. En el libro que se cita, se subraya que: “En España existe un potencial científico y tecnológico capaz de soportar el rumbo de la Industria 4.0, si las políticas públicas y privadas lo asumen”. Y como lógicamente se señala, ese camino que no está exento de dificultades, como ocurrió en el anterior, ¿por qué no logramos como objetivo fundamental en estos momentos que el de la re-industrialización sea uno de los objetivos políticos mas importantes para España, unido al de la liquidación de la secesión de Cataluña? 

Juan Velarde Fuertes es catedrático emérito de Estructura Económica de la Universidad Complutense de Madrid.

Columna publicada en el número de diciembre de 2019 de la Revista Capital.

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