Retos y oportunidades para España en 2020

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Redacción

El año 2019 se ha caracterizado por un aumento de la incertidumbre global propiciada no solo por el posible desenlace del Brexit y la intensidad de la guerra comercial entre EE.UU. y China (y en menor medida con la UE), sino también por el aumento de la inestabilidad política y social en muchos países del mundo, en particular, en Oriente Medio y América Latina, sin olvidar la situación en Hong Kong. Este escenario ha perjudicado al comercio y a la actividad económica global, lo que ha supuesto una continua revisión a la baja de sus perspectivas de crecimiento a lo largo de 2019. En concreto, el FMI estima que ambas variables aumentarán un 1% y un 3% este año, respectivamente, frente a la tasa del 3,6% que ambas alcanzaron en 2018.

La economía española, que venía mostrando una suave desaceleración, tal y como estaba previsto para este ejercicio, parece que ha estabilizado su avance en términos de actividad en el cuarto trimestre, con lo que podría cerrar el conjunto del año 2019 en torno al 2,0%. Este resultado, aunque inferior al del año anterior, sigue siendo positivo, en la medida en que ha sido una de las economías europeas que mejor ha resistido los riesgos e incertidumbres que han caracterizado este ejercicio.

Las previsiones para 2020 apuntan a una continuidad en la senda de moderación, con tasas del PIB que previsiblemente se situarán alrededor del 1,6%, tal como muestran las estimaciones de CEOE y las de la mayoría de organismos nacionales e internacionales. A pesar de ello, el crecimiento de la economía española seguirá mostrando mayor fortaleza que el de la media europea. Además, se prevé que España continúe mejorando sus desequilibrios macroeconómicos tradicionales, ya que presentará de nuevo superávit exterior, la inflación estará contenida y se seguirán reduciendo el desempleo y la deuda privada.

Si las bases de nuestra economía se mantienen sólidas y los desequilibrios contenidos, es precisamente gracias a las reformas abordadas durante los últimos años, que han mejorado su resiliencia en los momentos difíciles. Así, la economía española está siendo capaz de generar empleo a buen ritmo, similar al del crecimiento de la actividad. En este sentido, es fundamental no volver a marcos regulatorios rígidos, que puedan perjudicar esta sensibilidad del mercado laboral al crecimiento económico, y que por tanto, dificulten la creación de empleo, máxime en un contexto de desaceleración como el actual y de incremento de los costes laborales.

El sector exterior ha sido uno de los pilares en los que se ha apoyado la recuperación de la economía española en el actual ciclo expansivo, favorecido por las ganancias de competitividad. Sin embargo, para 2020, se prevé que el sector exterior tenga un papel mucho más discreto en el crecimiento económico. En este sentido, deberían evitarse medidas que perjudiquen la competitividad de las empresas y, en consecuencia, afecten negativamente a la venta de nuestros productos y servicios en el exterior.

Además, la economía española presenta una serie de retos pendientes, tales como el alto nivel de desempleo, todavía cercano al 14% de la población activa, y el elevado nivel de deuda pública, cuyo importe se acerca al 99% del PIB, estando en manos de no residentes cerca de la mitad de la misma. Para disminuir los actuales niveles de la deuda pública española hay que avanzar en el proceso de consolidación fiscal, evitando incrementos adicionales del gasto público estructural. Además, se deberían incorporar criterios de racionalidad, disciplina presupuestaria y de evaluación continua, para mejorar la eficiencia del gasto público.

En definitiva, a pesar de la etapa de desaceleración en la que estamos inmersos, la economía española continúa creciendo a buen ritmo, y por encima de nuestros principales socios europeos. Pero no podemos caer en la complacencia. No se deben revertir las reformas estructurales que tanto han beneficiado a nuestro país. Es más, se debería iniciar un nuevo proceso de reformas estructurales encaminadas a aumentar la productividad y la competitividad, y de esta forma, mejorar el potencial de crecimiento de la economía española a medio y largo plazo. Además, deberían implementarse aquellas medidas que contribuyan a resolver los desequilibrios pendientes de la economía, como pueden ser el alto nivel de desempleo o la elevada deuda pública. 

Íñigo Fernández de Mesa es Presidente del Instituto de Estudios Económicos y vicepresidente de CEOE.

Columna publicada en el número de enero de 2020 de la Revista Capital.

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