Las gasolineras pierden el 80% de clientes de carburante y se “reinventan”

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El virus causante de la pandemia ha provocado que muchos negocios, por supervivencia, se hayan reinventado. Proliferan los matrimonios de conveniencia, desde las gasolineras que subsisten por sus supermercados, hasta ultramarinos que han optado por la economía colaborativa y estancos que sirven cafés para llevar.

En un impulso al comercio local, Rafael García, que regenta el ultramarinos A de Aurora, en el municipio coruñés de Noia, ha apostado por unirse a otros establecimientos de la zona para hacer juntos repartos a domicilio y poder ofrecer al cliente una “oferta más global” y una alternativa a las grandes superficies comerciales.

“Es necesario ayudarse, hacerse favores y colaborar para poder sobrevivir en un mundo tan competitivo en el que priman las compras por Internet”, explica García, y añade que coopera con a una frutería, una pescadería y una carnicería.

Esta iniciativa fue “fruto de la pandemia”, pues “los supermercados se colapsaron en el reparto a domicilio”, llegando a tardar a veces una semana en hacer el envío, por lo que “la gente buscó alternativas” e intentó ayudar al comercio “más próximo”.

El comprador puede llamarlo o mandarle un wasap y pedirle también algo de la carnicería, pues él se encargará de ir a buscárselo.

Además, Rafael y su mujer, Eva, también han querido ayudar a aquellos establecimientos que tuvieron que cerrar y han repartido más de 600 litros de leche que los hosteleros tenían en sus almacenes.

De la misma forma, han echado una mano a pastelerías para quitarles el excedente de Pascua, por lo que han hecho un arduo trabajo en Semana Santa para repartir estos dulces a domicilio.

Esta situación ha hecho que se percataran de que los negocios locales se necesitan unos a otros y por eso su método de economía cooperativa llega para quedarse. Ahora trabajan en “hacerlo un poco más formal” e implantar un teléfono común para que los vecinos puedan hacer pedidos de varios comercios a la vez.

Las ideas se suceden para poder subsistir en esta crisis en la que la hostelería ha sido de los sectores más dañados. “Un paquete de tabaco y un café para llevar”, fue la ocurrencia de David Padrón, que tiene un estanco en Moreiras, en el ayuntamiento orensano de Toén.

Su pequeño local de esta zona rural ofrece habitualmente dos servicios en uno: tienda de tabacos y cafetería. Pero la declaración del estado de alarma hizo que su negocio se quedase a medias.

“Tuve que abrir por el tema del estanco y eso me permitió servir cafés para llevar”, cuenta David, que indica que este producto es el único del bar al que le pudo sacar partido mientras vendía tabaco.

“Desde que empezaron las restricciones por el coronavirus vendimos cafés continuamente, porque la gente aprovechaba y de paso que venía a comprar tabaco ya llevaba el café”, apunta Padrón.

Aunque ahora pueda servir en su terraza y, más adelante, pueda reabrir el interior de su cafetería, cree que muchos de sus clientes seguirán prefiriendo el producto para llevar, ya que “en un tiempo, la gente aún no se va a atrever entrar al bar y tomar café en la barra”.

La alteración no ha sido menor en las gasolineras, que han reducido drásticamente la venta de combustible, pero muchas han mantenido su clientela en las tiendas, gracias a sus alianzas con cadenas de supermercado.

Es el caso de la gasolinera urbana de As Moas, en A Coruña, que ha perdido durante el estado de alarma el 80 % de compradores de combustible y, sin embargo, la venta en la tienda, de productos de alimentación y primera necesidad “ha permanecido estable”, asegura el encargado del negocio.

Esta franquicia comercializa un surtido de bebidas, alimentación, utensilios para el automóvil y productos de higiene, entre otros.

El cierre de los locales de hostelería les ha beneficiado: “El que consumía más en los bares ahora aquí podía coger un café para llevar, un sandwich o una cerveza y aprovechaba y se llevaba algo para casa”.

“Esa ha sido un poco nuestra venta”, explica el encargado, que espera “recuperar la normalidad” en la desescalada con el combustible y los lavados.

 

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