El papel del sector financiero en la crisis

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Redacción

Nuestro mundo ha experimentado grandes transformaciones desde que, cuando llegaron los esperados 2000, leímos por primera vez Capital. En sus páginas muchos profesionales han ido contando mes a mes durante dos décadas los pequeños y grandes cambios económicos, empresariales y, también, sociales que hemos vivido. 

La entrada en el siglo XXI vino acompañada del pinchazo de lo que se denominó entonces como ‘burbuja de las punto.com’, y que provocó la desaparición de multitud de compañías que se consideraban paradigma de la ‘nueva economía’.

Tan sólo ocho años después, se desató la mayor crisis financiera de las últimas décadas en EEUU, tras años de una política monetaria tremendamente laxa que acabó provocando una fuerte subida de las valoraciones tanto de activos reales como financieros.

Esta crisis financiera pasó a tener una dimensión global, impactando de lleno en Europa a partir de los años 2008 y 2009 con consecuencias de profundo calado, llegando incluso a poner en duda la supervivencia del euro. 

Y, por último, cuando finalmente, en algunos países como el nuestro, ya habíamos recuperado los niveles precrisis de empleo o producción, un enemigo invisible y desconocido nos ha situado ante el que, probablemente, sea el momento más complejo y el mayor desafío para nuestra generación, tanto desde el punto de vista sanitario, como social y económico.

En cada una de estas crisis, el sector bancario, como dinamizador, financiador y prestatario de servicios financieros, ha sido de alguna manera protagonista destacado, algunas veces en la génesis, otras veces en el nudo, y casi siempre en el desenlace.

Echando la vista atrás, el sistema financiero de hoy nada tiene que ver con el que se ilustraba en los primeros números de la revista Capital, que coincidían con el nuevo milenio.

La crisis financiera que comenzó en 2008 supuso una gran transformación para la banca europea e internacional, un cambio sin precedentes desde la Gran Depresión de 1929. 

En España, la reforma bancaria incluyó una intensa reestructuración del sector. El resultado fue una auténtica reconversión del sistema bancario español que pasó de tener 53 entidades en 2008 a tan sólo 11 en la actualidad y que redujo en un tercio su plantilla, en más de 90.000 personas, lo que ha llevado a que en España hoy haya el mismo número de oficinas bancarias que en 1980.

El contexto posterior a la crisis financiera ha estado marcado por un entorno de tipos de interés negativos, incertidumbres macroeconómicas, mayores requerimientos regulatorios y la llegada de nuevos competidores que ofrecen servicios financieros sin enfrentarse a la regulación propia del sector. Todo esto ha supuesto un gran desafío para la recuperación de niveles aceptables de rentabilidad, lo que ha exigido cambios permanentes en los modelos de negocio. 

Sin embargo, a diferencia de la crisis financiera de 2008, hoy el sector financiero de nuestro país tiene una situación de solvencia y liquidez muy diferente a la de hace ahora 10 años.  Esta nueva situación es resultado, por un lado, del esfuerzo de reestructuración al que antes hacía referencia y, por otro lado, a las exigencias regulatorias que surgieron tras la crisis anterior. 

Hoy nos enfrentamos a un mundo diferente. Estamos haciendo frente a una crisis sanitaria y económica, cuyo desenlace todavía no conocemos. Nuestros retos a corto plazo se han visto modificados en un periodo muy corto de tiempo, pero creo que en el sector estamos siendo capaces de reaccionar con una tremenda agilidad.

Nuestro principal desafío hoy es contribuir a la recuperación socioeconómica de nuestro país apoyando a empresas y familias. En definitiva, estando más cerca de nuestros clientes que nunca.

Porque, aunque muchas cosas están cambiando en estos días, lo que no ha cambiado es nuestra prioridad por nuestros clientes y sus necesidades.  

El futuro no será fácil, pero yo soy optimista. Creo que, a lo largo de estos últimos 20 años, hemos recogido la experiencia necesaria, las capacidades de gestión y la visión estratégica a medio plazo que ahora nos servirán para afrontar esta crisis y sus consecuencias mejor pertrechados.

Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad individual. De cómo cada uno de nosotros afrontemos esta responsabilidad va a depender, en gran medida, cómo saldremos de esta situación y cuánto de rápido volvamos a la ansiada normalidad.

Estoy seguro de que entre todos, y como ya hemos lo hemos demostrado en el pasado, saldremos adelante. 

José Ignacio Goirigolzarri es presidente de Bankia.

Columna publicada en el número de mayo/junio de 2020 de la revista Capital.

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