El turismo resurgirá

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Redacción

La evolución del turismo español durante las últimas seis décadas, hasta posicionarnos a mediados de esta década como el segundo país del mundo por llegada de turistas internacionales, representa una auténtica historia de éxito; es además un sector donde hemos sabido hacer las cosas muy bien, como acredita el World Economic Forum, que nos sitúa desde hace cinco años como el país con el sector turístico más competitivo del mundo. Además, en tiempos como los actuales, resulta especialmente interesante que el factor mejor valorado en este prestigioso análisis sea, junto a la calidad y dimensionamiento de nuestras infraestructuras, la seguridad. España se ha considerado siempre, entre otras muchas cualidades, como un gran destino, y como un destino seguro.

Más allá de los rankings, el turismo es una de las grandes palancas de riqueza, empleo y entrada de divisas para España, con el 14% del producto interior bruto nacional. El empleo directo del sector supera los 2,8 millones de personas. Y algunas de las mejores compañías turísticas del mundo llevan orgullosamente la bandera y la marca de España por todo el planeta.

Debido a la dependencia de nuestro país del sector turístico, el impacto brutal y sobrevenido que nuestra industria está sufriendo por la pandemia COVID-19 podría tener consecuencias fatales para toda la economía española. El turismo (y otros subsectores relacionados como la hostelería y restauración en general) se vieron afectados antes y más profundamente que ningún otro sector por el cierre de fronteras, las restricciones a la movilidad y a la interacción social, y son también los que más tiempo tardarán en recuperarse, ya que el hecho de viajar requiere no solo de un “desescalamiento físico” (con un plan coherente y viable para reanudar la actividad),  sino también emocional: el turismo necesita generar confianza sanitaria. 

Ante la ausencia casi total de visibilidad sobre la evolución de la pandemia y el retorno a la normalidad, en Exceltur, la alianza que reúne a algunas de las mayores empresas turísticas del país, hemos valorado diversos escenarios, y ninguno de ellos es halagüeño: de prolongarse el cierre de las conexiones aéreas y la mayoría de establecimientos hasta finales de año, las pérdidas del sector podrían superar los 100.000 millones de euros. Aún más terrible, más de dos millones de empleos (muchos de ellos actualmente en procesos de regulación temporal o ERTE’s) podrían destruirse.

La dimensión de esta tragedia ha llevado a nuestro sector a alzar la voz y reclamar que el Gobierno español priorice una industria clave para nuestro presente, y, por su potencial tractor respecto de otros sectores económicos, aún más importante para nuestro futuro.

Como líder de una de las mayores empresas turísticas del país y actual Presidente de Exceltur, puedo decir que las prioridades  de cualquier compañía ante esta disrupción histórica de nuestro negocio son, en primer lugar, la seguridad y salud de nuestros empleados y clientes; en segundo lugar, mantener el empleo y conservar nuestro talento, y en tercer lugar, mantener a flote a nuestras empresas durante un número indeterminado de meses sin ingresos, para lo que necesitamos suficiencia financiera, flexibilidad y reducción de costes y cargas, además de ayudas directas, en el caso de los sectores más afectados.

Por ello, desde la declaración de la pandemia, desde el sector hemos pedido a nuestros gobernantes, fundamentalmente, tres cosas: flexibilizar los ERTE’s para ofrecer a las empresas la posibilidad de adecuar el personal a la actividad (y por tanto, mantener el empleo), facilitar la liquidez de las empresas, y reducir cargas y establecer medidas fiscales y del entorno regulatorio que nos permitan ajustar los costes. Por encima de estas líneas de actuación imprescindibles, necesitamos que el Gobierno gestione la crisis pandémica de manera eficaz, para acortar el recorrido de esta curva maldita, y para crear las condiciones que nos permitan ofrecer confianza sanitaria a los viajeros, tanto nacionales (para moverse y disfrutar de nuestro país), como internacionales, para que los gobiernos abran las fronteras y permitan reanudar las conexiones aéreas con España. 

La prioridad de apoyar al turismo y a las empresas para salir de esta crisis ha sido reconocida por la Unión Europea, y, concretamente, el Comisario de Mercado Interior Thierry Breton ha reclamado que al menos un 20% de los fondos del llamado “Plan Marshall” frente al COVID-19 se destinen a la industria turística.

Esta pandemia cambiará muchas cosas, tal vez para siempre: por una parte, la sociedad será más “digital”, y más consciente en temas como la seguridad y la responsabilidad social, y cobrarán importancia  valores sociales básicos como la solidaridad, la familia y el esfuerzo. Específicamente en el sector turístico, pienso que se reforzará el lado más humano de la hospitalidad, la conexión emocional con nuestros clientes, sus sentimientos, y se pondrá de nuevo en valor el viaje doméstico, dentro de nuestro país o países cercanos, y el llamado “slow travel” y las experiencias auténticas.

El turismo resurgirá, y por ello las empresas, actualmente en fase de salvamento, debemos seguir mirando al futuro, y aprovechar esta desgraciada coyuntura para “resetearnos” y mejorar en términos de eficiencia y sostenibilidad, y avanzar en nuestra transformación digital,  pues estas serán nuestras mejores “armas competitivas” en el nuevo y difícil entorno post COVID-19. 

Gabriel Escarrer es consejero delegado de Meliá Hotels International y presidente de Exceltur.

Columna publicada en el número de mayo/junio de 2020 de la revista Capital.

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