Líderes de la nueva realidad

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Redacción

Estos últimos días estamos oyendo mucho el término “nueva realidad”. A nadie se le escapa que esta pandemia, que ha afectado a todos los países por igual en mayor o menor medida, supondrá un cambio en las reglas del juego y un replanteamiento en muchos de los aspectos que, hasta el momento, dábamos por sentados. Vivimos momentos de incertidumbre donde, en ocasiones, el miedo y las inseguridades se apoderan de nosotros y llegan a paralizarnos. Pero, por muy contradictoria que suene la frase, la adversidad también puede convertirse en una oportunidad, y un caldo de cultivo donde los verdaderos liderazgos emergen.

Mi buen amigo, Kobe Bryant, solía decir: “Todo lo negativo: presión, retos… Todo es una oportunidad para mí de levantarme y crecer”. Y precisamente así es como podemos distinguir al verdadero líder: aquel que es capaz de convertir la adversidad en un estímulo transformador, en un motor de cambio. Pero no solo eso, sino que un verdadero líder también sabe transmitir al resto de su equipo esa inquietud y conseguir su implicación en el logro de ciertos objetivos. 

Cuando aterricé por primera vez en Los Ángeles, recuerdo que era tarde y lo primero que hice fue ir al hotel a descansar. Durante el trayecto, me escribió Kobe para preguntarme por mi llegada. Yo le agradecí el interés. Lo que nunca podía imaginarme es que, poco después de mi llegada, el líder del equipo llamaría a mi puerta para darme la bienvenida. Estuvimos hablando un rato y enseguida me trasladó sus intenciones. Quería ganar el anillo y, para ello, contaba conmigo. Definitivamente, ese gesto me marcó enormemente y me acompañó en cada minuto disputado en pista durante esa temporada. 

El liderazgo tiene mucha parte de actitud, que se pone en evidencia a través de las acciones y se vuelve contagiosa dentro del equipo. Consiste en no dar nunca un balón por perdido, en aprender de los momentos bajos para aspirar a ser mejor, en entender que el trabajo duro, el sacrificio y la constancia es el camino para convertirse en la mejor versión de uno mismo. Kobe lo transmitía al equipo día a día. Su rutina diaria empezaba antes del entrenamiento oficial y finalizaba mucho después. Practicaba escrupulosamente cada tiro, cada jugada, cada movimiento. Veía repetidamente los partidos de jugadores como Michael Jordan, que marcaron su infancia, y después intentaba reproducir esos movimientos ganadores en la pista. Sus ansias de ser el mejor eran abrumadoras y servían de inspiración para el resto del equipo. 

No obstante, Kobe también entendía la importancia del equipo. Con solo un jugador no se ganan campeonatos, es el trabajo de todos y cada uno de los miembros el que conduce hacia la victoria. El propio vestuario de los Lakers nos lo recordaba constantemente a través de una frase de Rudyard Kipling que lucía en la pared: “La fuerza de la manada es el lobo, y la fuerza del lobo es la manada”. Cada uno de los jugadores teníamos nuestro rol dentro de la pista y así es como conseguíamos ganar.

Considero que el deporte es un gran maestro del que podemos extraer muchas lecciones, tanto en el plano personal como profesional, y nos puede ayudar en momentos complicados como el que vivimos. La filosofía de Kobe puede ser un referente inspirador para afrontar situaciones adversas, y la metodología de aquellos Lakers que consiguieron ganar dos anillos, una muestra de la importancia de la cohesión del equipo. Tal y como hicimos nosotros cuando perdimos contra los Boston Celtics en las finales de 2008, os invito a convertir esta situación negativa en un estímulo para crecer, aprender y mejorar. Tomarnos esta “derrota” como un aliciente para lograr una futura victoria. Siempre pensando en la importancia del trabajo en equipo y la necesidad de que cada jugador cumpla con su rol y se identifique con el objetivo compartido. Solo así lograremos liderar esta nueva realidad.

Pau Gasol es jugador de baloncesto. Campeón dos veces de la NBA,campeón del mundo y de Europa, tres veces medallista en las Olimpiadas.

Columna publicada en el número de mayo/junio de 2020 de la revista Capital.

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