Cristina Garmendia: “España debe lograr un consenso global para avanzar hacia la economía del conocimiento”

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Redacción

Este es un extracto de la entrevista escrita por Miriam Puelles y Borja Carrascosa que puedes leer en el número de enero de la revista Capital, ya disponible en los kioscos y en Zinio. 

 

Investigación, desarrollo, innovación. Estos son los tres términos detrás de las siglas (I+D+I) relacionadas con los estudios de ciencia, tecnología y sociedad cuya relevancia para la competencia de un país es elevadísima. Es por ello que todos buscan potenciar sus actividades ligadas a estos conceptos para mejorar la calidad de vida de la población, incluido España. En este contexto destaca Cotec, una organización privada sin ánimo de lucro que busca promover la innovación como motor económico y social a base de análisis y experiencia en dichos ámbitos. Una asociación que, además, cuenta con Cristina Garmendia en su presidencia: bióloga, empresaria y exministra de Ciencia e Innovación durante la segunda legislatura socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Todo un referente en esta área que explica a Capital cuáles son los retos pasados, presentes y futuros de España en unos términos tan imprescindibles como como complejos.

SEGÚN EL INFORME COTEC, EN EL PERÍODO 2009-2018 ESPAÑA ACUMULA UN AUMENTO DEL 2,5% EN INVERSIÓN EN I+D RESPECTO AL PIB, MIENTRAS QUE LAS OTRAS GRANDES ECONOMÍAS EUROPEAS HAN CRECIDO EN ESTA MATERIA HASTA UN 38%, COMO ES EL CASO DE ALEMANIA. ¿CUÁLES SON LAS CLAVES PARA ENTENDER POR QUÉ ESPAÑA ESTÁ PERDIENDO PESO FRENTE A EUROPA Y AL RESTO DEL MUNDO?

Según los últimos datos del INE y de la OCDE, publicados en diciembre, la inversión española en I+D está creciendo. En 2019, el último año del que hay datos, justo antes de la pandemia, España aumentó su inversión en conocimiento por quinto año consecutivo y, por vez primera en su historia, superó los 15.000 millones de euros. Esa es la cara de la moneda. La cruz es que en el resto de países a los que aspiramos a parecernos, esta partida crece a mucha más velocidad –lo que significa que la distancia con los líderes se agranda-. Además, crece mejor, de forma más equilibrada entre el sector público y el privado.

En la primera década del siglo hicimos un esfuerzo importante y nos acercamos más que nunca a la media de inversión europea. Con la pasada crisis financiera, llegaron los recortes. En otros países se entendió que la ciencia es un pilar del Estado de bienestar y se protegió de las políticas de austeridad o incluso se reforzó por su impacto en la productividad y en el crecimiento económico. En el nuestro, los gobiernos se ensañaron con ella. Lo que es difícil de explicar es por qué cuando llegó la recuperación económica seguimos perdiendo terreno. Hasta 2018 no recuperamos los niveles de inversión previos a la crisis, lo que supone que perdimos un decenio entero. La inversión respecto al PIB está en el 1,25%, cuando en 2010 era del 1,40%. España invierte hoy en conocimiento 332 euros por habitante, frente a los 683 de la Unión Europea. Y pese a lo que muchos piensan, la explicación no está en nuestro potencial económico.

Si tomamos los valores medios de la UE-28 como un índice 100, la renta per cápita española alcanzaría los 91 puntos, mientras que la inversión en I+D por habitante se quedaría en 49. En 2019, por primera vez desde que existen datos, fuimos superados por Grecia y Polonia. La crisis provocada por la pandemia representa una oportunidad histórica para revertir esta situación: hemos de lograr el consenso político, empresarial y social necesario para avanzar hacia una economía del conocimiento o quedar definitivamente relegados al vagón de cola de Europa. Yo tiendo a ser optimista y prefiero pensar que ocurrirá lo primero.

ESPAÑA NO HA RECUPERADO EL NIVEL PRECRISIS DE INVERSIÓN PÚBLICA EN I+D. CON ESTE NUEVO VARAPALO QUE ES LA CRISIS SANITARIA DEL CORONAVIRUS, ¿QUÉ ESTIMACIONES BARAJAN? ¿CUÁNDO PODRÁ FINALMENTE REVERTIRSE ESTA SITUACIÓN?

Empezando por lo positivo, el sector público español aceleró su ritmo de crecimiento en 2019, del 2,5% al 5,1%, creciendo incluso por encima del sector privado. Sin embargo, al contrario que la inversión empresarial, la inversión pública sigue todavía por debajo de los niveles precrisis. De hecho, somos uno de los cinco únicos países europeos en los que ocurre esto. El sector público español hoy invierte un 3,8% menos que en 2010. El importante incremento de recursos que representan los fondos europeos para la política de I+D, incluido en los PGE recientemente aprobados para 2021, puede ayudar mucho en el corto plazo, y es además muy esperanzador que el incremento se concentre en el gasto no financiero. No obstante, para evitar el daño que hace a la I+D la alternancia de fuertes incrementos seguidos de duros recortes, no bastará solo con esto. Será además necesario garantizar un crecimiento progresivo, repensar nuestra forma de organizarnos, gestionar mejor los recursos disponibles y establecer mejor las prioridades en el uso de dinero público.

ESTE 2020 HA PUESTO EN EVIDENCIA LA FALTA DE DESARROLLO DIGITAL EN EL TEJIDO INDUSTRIAL ESPAÑOL. ¿CUÁLES SON LAS CARENCIAS QUE NOS HACEN IR A REMOLQUE EN ESTA MATERIA FRENTE A OTROS PAÍSES?

Hace apenas unos años el confinamiento tan estricto que hemos vivido en tantos lugares de España en este 2020 hubiera sido muy difícil, si no imposible, sin afectar de forma grave a la prestación de servicios y suministros esenciales, que, por lo general, han funcionado muy bien. Y esto ha sido posible por muchas razones, pero destaca la fortaleza y la extensión de nuestra red de telecomunicaciones.

La pandemia ha acelerado en cuestión de semanas fenómenos cuya implementación a gran escala se estimaba en un plazo de años: el teletrabajo o el comercio electrónico, por supuesto, pero también el uso de las videollamadas para las relaciones interpersonales o el boom del entretenimiento en la red.

Al mismo tiempo, hemos padecido graves carencias en digitalización relacionadas con la atención sanitaria, la educación a distancia y en todo lo que tiene que ver con la Administración, en servicios básicos para el ciudadano que hace tiempo ya que debían haberse digitalizado, así como en otros ámbitos donde la digitalización se ha aplicado de forma precipitada, a riesgo de poner en peligro nuestro tejido productivo, como es el caso de los problemas del pequeño comercio para competir con las grandes plataformas de venta en línea. Todas estas cuestiones merecen una reflexión profunda. Desgraciadamente hemos de hacerla sobre la marcha, porque el mundo no sólo no para, sino que va cada vez más rápido.

¿ES ESPAÑA UN PAÍS CONSCIENTE DE LA NECESIDAD DE ESTE AVANCE TECNOLÓGICO, DE LA DIGITALIZACIÓN, PARA AVANZAR?

En Cotec apostamos hace unos años por analizar e impulsar las tres grandes transiciones que están cambiando nuestra economía y nuestro mundo: el cambio en los flujos de materia y energía (la transición de un modelo de producción y consumo lineal a otro circular), el cambio en los flujos de inversión (la transición de lo material a lo intangible) y el cambio en los flujos de información (de lo analógico a lo digital). De estas tres grandes transiciones, probablemente sea la digital la que más de cerca afecta a los ciudadanos, pero implica retos complejos y de impacto incierto, ahí está, por ejemplo, la amenaza de la automatización del empleo.

La última encuesta de percepción social de la innovación que hace Cotec cada año dice que un 80% de los españoles opina que, como sociedad, no nos estamos preparando bien para recibir el impacto del cambio tecnológico, y el 55% cree que la tecnología aumentará la desigualdad social. Quiero pensar que esa percepción puede revertirse, porque la reconstrucción económica de nuestro país pasa sin duda por el impulso de una digitalización justa e inclusiva.

 

 

Este es un extracto de la entrevista que encontrarás en el número de enero de la Revista Capital, ya disponible en tu kiosco o en Zinio.

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