Mr. WikiChoco, el hombre detrás de la enciclopedia del chocolate española

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Miriam Puelles

Willy Wonka adoraba tanto los dulces que decidió abrir la mejor fábrica del mundo. Este personaje de ficción y su empresa han sido el sueño a imitar de millones de niños –y no tan niños– en todo el planeta. Pero, ¿qué pasaría si uno de ellos decidiese tomar las riendas de su propia vida y seguir un camino al más puro estilo Wonka? Algo así es lo que le ha sucedido recientemente a Juan Rubio, también conocido como Mr. WikiChoco, fundador de uno de los catálogos de chocolate más extensos que hay. Porque, ¿acaso es posible hacer una Wikipedia del chocolate?

Para este publicista la respuesta es sí. Su historia comenzó a finales de la década de los 60 cuando veraneaba en Villajoyosa (Alicante) con su familia. “Me decían: ‘Juanito, te va a dar algo al hígado”. Y no era para menos. El intenso olor de las fábricas de la localidad, que por la noche tostaban el cacao, impulsó un gusto a este hombre por el chocolate que ha perdurado hasta la actualidad. Tanto, que hace siete años decidió abrir su propia página en Facebook sobre chocolates.

“En nada me di cuenta de que fue explosivo”, confiesa a Capital Rubio, quien, en cuestión de unas pocas publicaciones, vio cómo la comunidad que giraba alrededor de la página crecía exponencialmente. “Un día hice una foto a una vaina de cacao que me encontré en una frutería y en seis horas teníamos fotos de cultivadores de cacao de Colombia y Ecuador explicándonos que era un trinitario –una de las tres modalidades de cacao existentes: criollo, forastero y trinitario– mezclado”. Y de ahí a la actualidad y a formación de WikiChoco como empresa, aunque no una cualquiera.

“Ya en el comienzo se nos acercó gente con fondos financieros que querían montar un negocio con nosotros, pero me dio mucha pereza por lo utópico que era”, apunta Rubio. Sin embargo, “invertíamos tanto dinero y recursos que llegó un momento en el que no podía seguir haciéndolo por las noches. La comunidad se expandió, se desmadró y, aunque me resistí a monetizar porque no quería, acepté”.

Ahora bien, matiza Mr. WikiChoco, “funcionamos como una impresa de nivel comercial muy bajo, nuestro tono es muy poco intrusivo porque hay mucho de prescripción, de selección, de buscar una historia bonita detrás de cada chocolate que manejamos”. Para Rubio lo importante es que el consumidor reciba algo más que una delicatessen dulce, es que reciba una experiencia que le traslade al origen del cacao.

“Hay muchísimas historias detrás de la fabricación de cada marca de chocolate y la diferencia entre el industrial y el artesano es gigante, por eso conocer el proceso con el que las familias de agricultores recogen el cacao y lo elaboran es precioso a la par que delicado”, argumenta Rubio.

“Nosotros no somos Amnistía Internacional, pero sí apostamos por un chocolate honesto que no tenga esclavitud infantil ni una deforestación salvaje por detrás”, apunta Rubio, quien explica que detrás del chocolate de producción masiva existente en los supermercados hay una calidad y unas condiciones laborales ínfimas. Y esto se ve directamente repercutido en el precio de la tableta: “Un chocolate artesano puede costar entre siete y quince euros, no cincuenta céntimos o un euro como uno industrial de calidad pésima”. ¿Cómo se explica tal diferencia? Porque “hay trabajadores del cacao que cobran por debajo del dólar diario, y luchar contra esto es muy importante”.

Ahí es donde busca ahondar con WikiChoco, en la trasmisión del conocimiento del chocolate. “En España empieza a haber un renacimiento y la gente comienza a conocer un poco más el chocolate, pero comparado con otros productos gourmet como el vino o los aceites estamos a años luz”, apunta Rubio, quien vio en este nicho su oportunidad. Y le funcionó. Lo que arrancó como una página de Facebook y consecuentes redes sociales se ha convertido en una comunidad que engloba a más de 250.000 personas de casi 50 países. Pero no solo personas a las que les guste este dulce, sino también chefs de la alta gastronomía.

“Trabajamos con Mario Sandoval en su carta de postres, con Martin Berasategui, con Kabuki… no paramos de hacer proyectos”, comenta. El motivo es que en este sector en España han primado los primeros y segundos platos, pero se han abandonado los postres. Sin embargo, actualmente “está empezando a verse una corriente en la alta gastronomía impulsada, entre otros, por Jordi Roca hacia el aprendizaje de las propiedades del cacao que nos ha llevado incluso a juntar varios chefs con estrellas Michelín y hacerles catas para que luego configuren sus cartas de postres”.

Pero la labor de WikiChoco no sólo se queda ahí. Al área de consultoría hay que añadir la propia venta “de selección” de chocolate. “No somos un ecommerce al uso que vendamos chocolate, vendemos packs especiales por selecciones en las que explicamos cómo catarlos, cuál es la historia de cada tableta, de cada artesano, con el fin de que el cliente pueda interactuar y aprender”, explica Rubio, quien añade que desde este 2021 lanzarán las suscripciones mensuales de packs de chocolates. Y concluye: “La venta pura y dura no es nuestra guerra”.

De hecho, otra de las patas de esta empresa es la solidaridad. Todo surgió a raíz del confinamiento por la Covid-19. “Un tipo duro nos trajo un paquete a casa, le dimos una tableta de chocolate en agradecimiento y él, con los ojos llorosos, nos lo agradeció enormemente porque su novia era enfermera, estaba confinada y llevaban tiempo separados”. Esto les hizo pensar que regalar una onza de chocolate “podía alegrar a más personas y nos fuimos a farmacias, supermercados, conductores de autobús, bomberos, sanitarios… es decir, los héroes de esta pandemia”. Así se formó la campaña #Onzasdefelicidad con la que en poco tiempo recaudaron “35.000 euros dando miles y miles de piezas de chocolate” y una gran repercusión en redes sociales. Motivo por el que desde WikiChoco están “super emocionados”. Porque, al fin y al cabo, recuerda Rubio, “el chocolate le gusta al 99% de la gente” y un dulce siempre tendrá la gran capacidad de sacar, tanto a pequeños como mayores, una gran sonrisa.

 

Esta es una de las entrevistas que encontrarás en el número de enero de la Revista Capital, ya disponible en tu kiosco o en Zinio.

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